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Sus órganos estaban listos para donarse, pero aparentemente su Dr. le apresuró su muerte

Martes, 25 noviembre, 2008

Pues en menuda bronca se encuentra el cirujano de San Francisco, California, el Dr. Hootan Roozrokh, ya que se le acusa de haber ordenado la aceleración de la muerte de Rubén Navarro, un hombre aparentemente desabilitado y cuyos órganos estaban ya destinados para donación.

Resulta que el médico ordenó que se le inyectaran cerca de 200 miligramos de morfina y 80 miligramos de Ativan, un sedante que evitaría que Rubén sufriera.

Pero, ¿para qué quería el Dr. Roozrokh que Rubén muriese de una buena vez? Yo supongo que debido a que le dió preferencia a la donación de órganos y no a salvar la vida de su paciente.

Me enteré del caso por medio de un documental en la televisión acá en Los Angeles y en verdad que me dejó impactado. No es posible que se ordene el acelerar la muerte de una persona, incluso si “ya no tiene salvación“.

En el Podcast número uno de “El Gesto de la Neurona“, precisamente el primer tema que traté fue el de un estudio que le hicieron a una muchacha que se encontraba en estado vegetativo. Le conectaron unos medidores de señales en su cabeza y le dictaron instrucciones como las de imaginarse que hay leche y azúcar en el café, así como el imaginarse que se encontraba jugando tennis y caminando alrededor de su casa. Ciertas áreas de su cerebro asociadas con los medidores, se iluminaron en los monitores, llevando a los investigadores a suponer que la joven entendía claramente lo que sucedía a su alrededor, muy a pesar de que se le suponía “ya sin remedio“.

En el caso de Rubén Navarro, el documental de la televisión muestra a la mamá de Rubén explicando que cuando llegó el momento de despedisre de su hijo (porque era el momento en que lo desconectarían de los tubos que lo mantenían vivo), ella lógicamente se puso a llorar de la tristeza, pero se quedó de una sola pieza, cuando ¡¡¡vió rodar lágrimas de los ojos de su muchacho!!!

¡Rubén sabía y entendía todo lo que estaba pasando! … y lo más triste del caso, lo sentía.

No considero justo que se acelere la muerte de ningún ser y menos porque “me urge que los órganos no se nos echen a perder“. Para mi esto es un acto criminal.

El Dr. Roozrokh enfrenta por eso un juicio y es que desgraciadamente faltó a el juramento de Hipócrates, donde se lee, “Utilizaré el tratamiento para ayudar a los enfermos según mi capacidad y juicio, pero nunca con la intención de causar daño o dolor” y donde también se agrega, “A nadie daré veneno aunque me lo pida o me lo sugiera“.

La labor de un médico es muy clara: están para mejorar y hasta salvar la vida de sus pacientes, pero lamentablemente en este (y muchos otros casos), importa más el dinero, que la misión que ellos mismos eligieron.

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