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Los niños pueden ir a la policía y reportar abusos sexuales, aunque también por venganza mientan y reporten a sus mismos padres

Viernes, 27 junio, 2008

Tras la plática con una colega sobre el comentario que su hija le hizo recientemente, lo que te voy a contar te va a dejar paralizado o paralizada por ser un de esas situaciones donde sencillamente no hay salida. O simplemente, va a ser muy difícil escapar de ahí.

Resulta que tiene una niña de 10 años y me cuenta que en una ocasión, la niña se encontraba sobre la cama, boca abajo y en paños menores.

Se le ven sus pompitas tan atractivas que dan ganas de morderlas”, me dice con esa naturalidad de madre que demuestra en ocasiones su cariño y afecto de esa manera.

Pero, ¿qué crees que me dijo mi hija?”, continuó asombrada. “Si tu me muerdes o me tocas mis pompis, voy a ir a la policía y acusarte de que estás abusando de mi”.

La niña también estaba hablando en broma. Ella sería incapaz de reportar a su propia madre ante las autoridades, porque sabe que la meterían en la cárcel y eso sería un sufrimiento para ambas y el resto de familiares y amigos.

Lo grave del asunto es que una estrategia así, se encuentra ya disponible en poder de criaturas de 10 años y quizá hasta más pequeñas.

Si lo vemos desde un punto de vista como defensa en caso del abuso infantil, definitivamente avalo esta reacción o advertencia. ¡Que bueno que los niños ya puedan comenzar a defenderse de estos malditos abusos!, pero no olvidemos que precisamente son niños, que no entienden todavía las repercusiones de sus acciones, que en este caso, pueden ser gravísimas. EXTREMADAMENTE GRAVES.

Y te lo digo porque recordé un mito urbano (que rezo porque en verdad no sea cierto), donde un individuo que entró al baño de un almacén de ropa y artículos del hogar, llegó a hacer necesidades. Cuando entró al baño, se dio cuenta de que salían dos niños de ahí. Se lavó las manos y cuando abrió la puerta del baño para salir, se encontró con las autoridades de la tienda, que acompañaban a la Mamá de los niños que se encontró al entrar.

Lo estaban deteniendo porque estaba siendo acusado de haber tocado los genitales de los niños.

El negó tal acusación, pero en lo que discutía con las autoridades, llegó la policía.

Como es natural que en casos así todo mundo le crea a los niños, el individuo fue detenido y encarcelado mientras se investigaba.

Para él era angustiante que nadie le creía. Sólo él sabía que en realidad nunca había tenido contacto físico con esos niños.

Su estado anímico fue empeorando cuando su esposa, sus familiares cercanos y amigos, también dudaban de que estuviera diciendo la verdad.

Sumido profundamente en una terrible depresión, terminó ingeniándoselas para quitarse la vida dentro de la cárcel.

En su última carta, dejó plasmada su decepción, su enojo, su tristeza por la injusticia, pero lo que lo aniquiló, fue la frustración de ver que por más que intentó demostrar su inocencia, prevalecía la creencia de que él había abusado sexualmente de los niños.

Esta historia termina todavía más triste, cuando los detectives descubrieron que los niños habían mentido.

Y que ironía el vivir hoy en día con la posibilidad y desventaja al mismo tiempo, de que nuestra niñez esté aprendiendo a defenderse, pero desgraciadamente se han dado cuenta de que pueden atacar con esa nueva arma.

Y sólo Dios sabe si en un arranque de enojo por haber sido castigados, vayan con las autoridades y cometan una injusticia como la que te acabo de contar.

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